La artritis de mi hija

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Llevaba muchos años sufriendo dolores insoportables: me acostaba con ellos, me levantaba con ellos, y ellos me despertaban varias veces durante la noche.

Mi vida era un infierno, un peregrinar de médico en médico sin que ninguno supiese qué me ocurría. Así hasta 15 años después, cuando por fin me diagnosticaron artritis. El problema radicaba en que era seronegativa y eso dificultó el dictamen. Además, la demora en el diagnóstico me había ocasionado erosiones en las manos y rodillas, deterioro del cartílago…Por suerte, a día de hoy la artritis está controlada.

Yo pensaba que mi vida era un infierno hasta que a mi hija le diagnosticaron artritis idiopática juvenil. Ahí comenzó el verdadero infierno: una madre puede aguantar cualquier cosa, pero imaginar que tu pequeña sufría los mismos dolores que tú misma habías padecido era demasiado. No podía creer que eso nos estuviera pasando.

Volviendo la vista atrás en el tiempo, recuerdo que a veces me preguntaba el por qué mi niña no corría como las demás, por qué siempre estaba a mi lado y me pedía que la cogiese en brazos cuando caminábamos un poco. Lo primero que se te viene a la cabeza es que es perezosa, ¿cómo te vas a plantear lo que luego ocurrió?

Ahora me explico muchos llantos en las noches, ese no querer jugar con sus amiguitas, esa apatía y esa desgana que le notaba…

Cuando por fin la niña empezó a decir que le dolían las piernas, me saltaron todas las alarmas.
Empezamos otra vez el peregrinar, pero en esta ocasión, al tratarse de una niña pequeña y con mis antecedentes, todo fue más rápido.

A pesar de estar medicada y por consiguiente controlada, no dejo de pensar lo que tuvo que pasar, los dolores que soportó y los que aún le quedan, aunque en realidad tengo la esperanza de que no sea así.
Es duro en una familia sobrellevar que un ser querido tenga artritis, así que, cuánto más, cuando quienes lo sufren son dos. Aunque a la de mi hija se la catalogue de artritis idiopática juvenil, sufrimos igual. Lo único que saco de positivo, si es que hay algo, es que mi experiencia me ayuda a entender a mi pequeña, sus caritas, su desgana, su no querer salir a veces, su “mami, cógeme”…

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