¡Sé como el helado!
Hola a todos,
Me llamo Laura, tengo 38 años y me diagnosticaron fibromialgia y fatiga crónica hace 16 años, y artritis reumatoide hace 10 meses. También discartrosis de la L5-S1, síndrome de túnel carpiano, luxación mandibular, síndrome cubital, sensibilidad química, estrés crónico… He padecido bulimia y anorexia severa durante más de 10 años y a causa de eso soy obesa. También tuve depresión, pero el resultado es que no soy ninguna enferma.
¿Por qué digo esto? Cuando me diagnosticaron por primera vez la fibromialgia, tenía 22 años, me veía una inútil, pensaba que mi vida solo iba a ser sufrimiento, me sentía como una anciana, pero decidí hacer una lista de pros y contras y ganaron los pros. Hace 10 meses, cuando me diagnosticaron la AR y la discartrosis pensé ¡no es justo! ¿No tenía ya bastante con la fibro y demás dolencias? Así que de nuevo hice la lista y seguían ganando las cosas buenas.
Soy mucho más que una persona que sufre enfermedades crónicas, por tanto no soy ninguna enferma. Hago lo mismo que cualquiera, solo que a otro ritmo. Una vez leí en un libro de Matilde Asensi como una anciana china le decía a una joven que sufría de estrés y no paraba de aquí para allá “¿Sabes por qué las tortugas duran más de 100 años? Porque se toman la vida con calma” y pensé: “Así soy yo, como una tortuga. Mi ritmo es más lento en ocasiones pero eso me hará durar más años”.
No siempre es un camino de rosas, hay días que no te aguantas ni tú y te entran ganas de tirar la toalla, pero aun así no pierdo las ganas de vivir, tengo miles de planes y si un día no puedo hacer lo que quiero, no pasa nada: al día siguiente tengo una nueva oportunidad. Porque amanecer es nacer cada día. Así me lo tomo, cada día es un reto que superar, una nueva aventura y eso me da vida.
Si algo he aprendido en todos estos años es a escuchar a mi cuerpo. Antes me obligaba a hacer todo aunque estuviera rabiando de dolor, y no pedía ayuda. Eso es un gran error. No hay nada de malo en pedir ayuda o decir no puedo. No por eso eres menos.
Desde que comparto lo que me pasa con mis amigos, familia y personas que quiero la vida es mucho más fácil. No tengo que andar disimulando lo que me pasa o fingir que tengo un buen día cuando no es así. Los días que tengo muchos dolores les digo a mis amigos que voy a aprender a cantar saetas para la próxima Semana Santa porque el “¡ay!” me sale de lujo, o si me duele el brazo les digo que es que estoy entrenando al tenis para superar a Nadal. Sé que son chorradas pero hay que tomarse las cosas con humor.
Cada día salgo a caminar lo que puedo. A veces una hora. Hay días que más, otros menos, otros me quedo en casa de relax. Simplemente escucho lo que mi cuerpo pide.
A parte de por mi sobrepeso, me informé de qué tipo de alimentación era la más adecuada para personas con AR y Fibromialgia y fui a una nutricionista celular que te indica que alimentos son los más adecuados, te hace un estudio personalizado en función de lo que tienes y cómo eres, y qué cosas te gusta comer. No es dieta, es aprender a comer.
También hago cada día meditación, me ayuda a relajar. Me he comprado una Fit-band que es una banda elástica con la que poder hacer ejercicios de piernas y brazos para así ayudarte a estirar y tonificar sin hacerte daño. También natación, taichí… Esto es un pequeño ejemplo de lo que suelo hacer, pero hay mil cosas. No somos diferentes a los demás, solo tenemos que buscar aficiones y cosas que nos guste hacer y así olvidar de si nos duele aquí o allí. Siempre me ha gustado pintar y, ahora, como me duelen más las manos estoy aprendiendo a hacer cuadros con botones. Lo dicho, se puede hacer cualquier cosa y, si no es igual que antes, busca un enfoque diferente o invéntalo.
Para aprender a conocerme mejor y cómo reacciona mi cuerpo, llevo un diario en una libreta. Si tengo un mal día apunto qué cosas me han sucedido y veo qué situaciones me han estresado o me han enfadado, o si he cargado mucho peso etc. O si he tenido un buen día, qué cosas he hecho que me hicieron olvidarme de los dolores y así la próxima vez que tenga una situación parecida sé cómo gestionarla y me puedo anticipar. Gracias a esta “técnica” conseguí reducir mi medicación para la fibromialgia de 8 pastillas diarias a 1. Porque soy de la convicción de que los actos y las emociones tienen mucho que ver con las enfermedades.
En fin, ya no me quiero extender más: solo deciros eso, que padecemos enfermedades pero no somos enfermos. Imaginaos en el supermercado vuestro helado favorito, cómo os hace sentir cuando lo coméis…. Relajados, felices, disfrutáis de él. ¿Y a que ninguno miramos los componentes? (calorías, conservantes, acidulantes, potenciadores) Si lo leyéramos no disfrutaríamos igual, ¿verdad? Pues nosotros somos como el helado: tenemos que aprender a querernos a disfrutar de nosotros y del entorno sin mirar la “etiqueta”.


